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LA
CARRETA
En
las zonas alejadas de los ríos navegables, las carretas fueron
el primer medio de comunicación conocido en nuestro país.
Transportaban, indistintamente, carga y pasajeros entre
ciudades y pueblos.
La caja de cada carreta, estrecha y larga, con techo de cuero
o de quinchada, estaba montada sobre dos ruedas altísimas que
facilitaban el cruce de ríos y arroyos.
La carreta era arrastrada por bueyes -generalmente tres
yuntas-, por eso se trasladaba con mucha lentitud, recorriendo
apenas cinco leguas en toda una jornada de marcha.
Debido a los peligros de la
pampa, principalmente el de los indios, los carreteros solían
de efectuar sus viajes en grupo formando una tropa de carretas
compuesta por diez, quince y, a veces, más vehículos. El
personal iba armado y por la noche, las carretas eran
colocadas en círculo, a modo de trinchera. Un centinela
permanente se encargaba de vigilar el campo, para dar la
alarma, en caso necesario, a los que dormían, unos en el
interior de los vehículos, los demás debajo o en el centro del
círculo, al calor de los fogones, que se mantenían encendidos
para alejar a las fieras.
La peonada iba al mando de un patrón o capataz, jefe absoluto
y hombre valiente a quien se le reconocía como única autoridad
en aquellas soledades.
Algunas de parecían verdaderas casas, pues constituían una
habitación amueblada con cama, mesa, sillas y todo lo que
hiciera falta, para los pasajeros que disponían de dinero
suficiente para pagar su costo.
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