Las
apachetas son montículos artificiales formados por la
acumulación intencional de rocas de diferentes tamaños
que puedan ser transportadas por los hombres; su forma
es más o menos cónica y se encuentran ubicadas a los
costados de las sendas y caminos de la cordillera.
Generalmente se hallan en las abras, portezuelos,
partes altas de una cuesta y, escasamente, en lugares
llanos. Los tamaños de las apachetas son muy diversos,
ya que van desde pequeños montículos de escasos
centímetros de altura con respecto al suelo, hasta
enormes volúmenes rocosos cuya base puede llegar a
tener un diámetro aproximado de 10 metros y una altura
de tres metros; tal es el caso de la apacheta del abra
del Acay, una de las más grandes conocidas en los
Andes. Poseen una base amplia debido a los permanentes
derrumbes y a que no es costumbre reconstruirlas.
No existen estudios
científicos realizados sobre las apachetas y muchas
veces se las confunde con los mojones, que son
similares pero guardan importantes diferencias
morfológicas y funcionales, siendo éstos más comunes y
numerosos que las apachetas.
Las apachetas son
objetos dinámicos en tanto crecen por el aporte de
rocas de los caminantes y su tamaño está directamente
relacionado con la transitabilidad de la comarca. Por
lo general están formadas por rocas de colores claros
provenientes de otros lugares, las que son
transportadas por los viajeros con la finalidad de ser
depositadas en esos espacios de altura consagrados al
culto. Entre las rocas se pueden observar algunas
ofrendas modernas como botellas de vidrio, latas de
conservas, acullicos de coca, colillas de cigarrillos y
huesos de animales. Existen además objetos
arqueológicos pertenecientes a las culturas
precolombinas, tales como restos de cerámica, lascas e
instrumentos líticos entre los más comunes.
Los espacios donde se
emplazaron las apachetas, fueron y son considerados
sagrados. Lugares construidos y espacios organizados
por determinados grupos sociales, quienes los dotaron
de significación y, a través de los ritos, renuevan
permanentemente su vigencia en el tiempo y confirman su
necesidad social. El análisis del lugar donde se
construye la apacheta tiene sentido porque fue cargado
de sentido, porque en él se identifican los individuos
y se relacionan, compartiendo una historia en común.
[...] En estos lugares
es donde se realizan peticiones y se entregan ofrendas
a estos marcadores espaciales que indican el término de
un espacio y el inicio de otro. Las peticiones que se
realizan en las apachetas están muy relacionadas con el
viajero y obviamente con las sendas y el camino, ya que
las mismas se relacionan con el descanso, las fuerzas
para continuar, la protección, la salud y el permiso
para ingresar a un lugar nuevo.
Respecto a la elección
del lugar de ubicación de las apachetas, el
investigador Mostajo opina que: "... las apachetas no
señalan los puntos más altos, sino los lugares desde
los cuales uno descubría un nuevo horizonte o un
accidente capital de la naturaleza". (citado en Hyslop
1992: 204).
[...]
Pachacuti Yamqui (1613)
opinaba que la apacheta era una invención de los incas;
apoyando esta opinión el arqueólogo John Hyslop (1992)
comenta al respecto que "... su distribución es a
grandes rasgos similar a la del territorio mismo del
Tawantinsuyu, y su construcción puede haberse difundido
con el crecimiento del sistema vial inkaico".
Es sabido que los incas
se preocuparon en dividir, amojonar y marcar de alguna
manera el espacio geográfico, no obstante, no existen
suficientes pruebas arqueológicas ni documentales como
para afirmar que las apachetas surgieron y se
distribuyeron con los Incas.
Por lo antedicho se
puede inferir que la localización de apachetas responde
a ciertos patrones, por lo que resulta factible su
reconocimiento y ubicación espacial. Por otra parte
queda clara la función religiosa y ritual de estos
montículos y su relación con las sendas y caminos. Por
último, las características constructivas, la selección
deliberada de rocas, los objetos depositados como
ofrendas (actuales y arqueológicos) y el "dinamismo" o
"crecimiento" directamente proporcional a la
transitabilidad de personas por el lugar, hacen de la
apacheta un objeto inconfundible. Todos aquellos
montículos que no posean estas características no son
apachetas, sino mojones.
La apacheta, detrás de
su sencilla forma, atesora secretos de la cultura
americana que posiblemente nunca lleguemos a conocer ni
comprender.